Revista de la escuela · Recuerdos
Mi pueblo en los años ochenta
Por Antonio Gil, profesor de Historia
Antonio tiene 54 años y vive en Valencia. Para la revista de la escuela, ha escrito cómo era la vida en Morella, su pueblo, cuando él era niño.
- El pueblo
Nací en 1972 en Morella, un pueblo de montaña en el interior de Castellón, rodeado de murallas medievales. En los años ochenta vivían allí unas tres mil personas y casi todos nos conocíamos. Mi casa era pequeña y estaba en la calle Mayor. Cuando alguien llegaba de fuera, a la media hora ya lo sabía todo el pueblo.
- La escuela
La escuela estaba en un edificio antiguo al lado de la iglesia. Éramos pocos niños, así que en mi clase había alumnos de dos edades distintas. El maestro, don Vicente, venía de Valencia y no conocía el frío de la montaña: el primer invierno llevaba siempre dos abrigos.
- La calle
Por las tardes no teníamos muchos deberes ni actividades extraescolares. Salíamos del colegio a las cinco y jugábamos en la calle hasta la cena: al escondite por las callejuelas, al fútbol en la plaza o a las canicas en la puerta del bar. Nuestras madres no se preocupaban: siempre había un vecino mirando. La tele solo la veíamos por la noche, con toda la familia.
- El teléfono
En mi casa no tuvimos teléfono hasta 1985. Antes, si queríamos llamar a mis tíos de Barcelona, íbamos a la centralita del pueblo. Había que esperar mucho y, además, todo el mundo escuchaba la conversación.
- Los inviernos
Los inviernos eran muy duros. Nevaba casi todos los años y a veces la carretera se cerraba durante dos o tres días. Entonces no llegaba el pan de fuera y mi madre lo hacía en casa. A mí me encantaba, porque no había clase.
- Las fiestas
Lo mejor del año eran las fiestas de agosto. Volvían los emigrantes de Barcelona y de Valencia, y el pueblo se llenaba de gente. Había baile en la plaza, toros por la calle y una cena para todos los vecinos. Mi abuelo, con ochenta años, iba siempre el primero al baile. Yo esperaba esa semana todo el año.
- Irse
En 1990 me fui a estudiar a Valencia, como casi todos mis amigos. Al principio volvía todos los fines de semana; después, solo en verano. Muchos no volvieron nunca: encontraron trabajo en la ciudad y allí se quedaron.
- Ahora
Hoy Morella recibe muchos turistas, tiene buenos restaurantes y wifi en la plaza. Pero en invierno viven menos personas que antes y la escuela tiene la mitad de niños. A veces, cuando paseo por las calles vacías, todavía oigo las voces de mi infancia.
