El Faro Digital · Ciencia
Dormir no es perder el tiempo: lo que la ciencia sabe del sueño
Por Clara Méndez, investigadora del sueño
Pasamos un tercio de la vida durmiendo y, aun así, es la parte que peor conocemos. Una investigadora explica, sin tecnicismos, qué pasa en el cuerpo mientras dormimos y por qué en España dormimos menos de lo que deberíamos.
- Un tercio de la vida
Si vives ochenta años, habrás pasado unos veinticinco durmiendo. Mucha gente piensa que es tiempo perdido, pero la ciencia dice justo lo contrario. Aunque parece que no pasa nada, durante la noche el cuerpo trabaja sin descanso: repara los músculos, regula las hormonas y refuerza las defensas. Por eso, cuando dormimos poco, nos ponemos enfermos con más facilidad.
- El cerebro no se apaga
Lo más sorprendente ocurre en el cerebro. Mientras dormimos, pasamos varias veces por las distintas fases del sueño, y en cada una el cerebro hace un trabajo diferente. En el sueño profundo, por ejemplo, ordena lo que hemos aprendido durante el día y lo guarda en la memoria. Por eso los estudiantes que pasan la noche estudiando antes de un examen recuerdan menos, a pesar del esfuerzo.
- ¿Cuántas horas necesitamos?
Un adulto necesita entre siete y nueve horas cada noche, y un adolescente, todavía más. Sin embargo, en España mucha gente duerme menos de seis horas entre semana. Muchos creen que se acostumbrarán a dormir poco. No es así: a pesar de lo que se cree, el cuerpo no se acostumbra; simplemente dejamos de notar el cansancio, pero el rendimiento baja.
- Dormir y estar sano
La falta de sueño no solo nos pone de mal humor. Varios estudios relacionan dormir poco durante años con más riesgo de obesidad, de diabetes y de problemas de corazón. Cuando dormimos mal, comemos más dulces y nos movemos menos, aunque no nos demos cuenta. Sin embargo, la relación funciona también al revés: hacer ejercicio por la mañana y tomar el sol ayudan a dormir mejor por la noche.
- Los adolescentes no son perezosos
Muchos padres se quejan de que sus hijos adolescentes se acuestan tarde y no hay manera de despertarlos. Aunque parezca pereza, es biología: en la adolescencia el reloj biológico se retrasa unas dos horas. Por eso algunos expertos proponen que las clases del instituto empiecen más tarde. En los centros que lo han probado, los alumnos están más atentos y faltan menos a clase, a pesar de que salen más tarde.
- El problema de los horarios
Parte del problema son nuestros horarios. En España cenamos tarde, vemos la televisión hasta muy tarde y, aun así, el despertador suena a las siete. Además, las pantallas complican las cosas: la luz azul del móvil engaña al reloj biológico, que cree que todavía es de día y retrasa el sueño. Aunque bajes el brillo, el efecto no desaparece del todo.
- El mito del fin de semana
Otro error muy común es pensar que se puede recuperar el sueño el sábado y el domingo. Por mucho que duermas el fin de semana, no compensas las horas perdidas de lunes a viernes. Al contrario: si te levantas a las doce el domingo, esa noche te costará dormirte y el lunes empezarás la semana todavía más cansado.
- ¿Y la siesta?
La buena noticia para los españoles es que la siesta, bien hecha, es saludable. Los estudios dicen que una siesta de unos veinte minutos mejora la atención y el humor. Eso sí, no debe ser demasiado larga: si dura más de media hora, entramos en el sueño profundo y nos despertamos aturdidos. Aunque te guste dormir dos horas después de comer, no es lo más recomendable.
- Consejos para dormir mejor
No hacen falta somníferos para la mayoría de los problemas. El mejor somnífero es una rutina: acostarse y levantarse siempre a la misma hora, también el fin de semana, dejar el móvil fuera del dormitorio y cenar ligero. Si, a pesar de todo, pasas semanas sin dormir bien, habla con tu médico: el insomnio tiene tratamiento. Dormir no es perder el tiempo; es invertir en salud.
