El Faro Digital · Opinión
El impacto del turismo masivo
Por Inés Calvo, geógrafa
Inés Calvo estudia desde hace veinte años cómo cambian las ciudades y los pueblos con el turismo. En este artículo explica por qué el turismo masivo se ha convertido en un problema y qué se puede hacer.
- Un éxito con dos caras
España recibe cada año a muchos millones de visitantes, y el turismo da trabajo a millones de personas. Nadie quiere que desaparezca. Sin embargo, en algunos barrios y pueblos la vida ha cambiado tanto en pocos años que los vecinos ya no reconocen su propio lugar. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
- Más fácil y más barato
El primer motivo es sencillo: viajar nunca había sido tan fácil ni tan barato. Gracias a los vuelos de bajo coste, un fin de semana en otra ciudad europea puede costar menos que una cena en un buen restaurante. Además, los cruceros llevan a miles de personas a la vez al mismo puerto, de modo que una ciudad pequeña puede recibir en una sola mañana más visitantes que habitantes.
- Los pisos turísticos
El segundo motivo está en la vivienda. Dado que un propietario puede ganar en una semana de agosto lo mismo que en un mes de alquiler normal, muchos pisos de los centros históricos se han convertido en alojamientos turísticos. Por lo tanto, hay menos viviendas para los vecinos, y las que quedan son más caras.
- Barrios sin vecinos
Las consecuencias se ven en la calle. Cuando una familia se va, el barrio pierde algo más que unos vecinos: la panadería pierde clientes, el colegio pierde alumnos y la asociación de vecinos pierde voluntarios. Las tiendas de siempre se convierten en tiendas de recuerdos o en locales de comida rápida; de ahí que algunos centros históricos parezcan hoy un decorado bonito, pero vacío.
- El medio ambiente
El turismo masivo también tiene un coste ambiental. En verano, algunos pueblos de la costa multiplican por diez su población, puesto que miles de personas llegan al mismo tiempo. Debido a esa presión, el consumo de agua se dispara en los meses más secos, se acumulan toneladas de basura y algunos espacios naturales sufren daños muy difíciles de reparar.
- ¿Turismofobia?
Algunos medios hablan de «turismofobia», pero creo que la palabra es injusta. Yo prefiero hablar de turistificación: un barrio que pierde vecinos y gana visitantes. La mayoría de la gente no está en contra de los turistas, sino en contra de un modelo que la expulsa de su propio barrio. El problema no es el viajero, sino la cantidad, la concentración en pocos lugares y la falta de reglas.
- Algunas soluciones
Muchas ciudades ya están tomando medidas. Algunas limitan los nuevos pisos turísticos en el centro; otras cobran una tasa turística y usan el dinero para cuidar el patrimonio y los servicios públicos. Hay ciudades que reducen el número de cruceros que pueden llegar el mismo día y otras que reparten a los visitantes por barrios menos conocidos. Ninguna medida es perfecta, pero todas parten de la misma idea: el turismo tiene que adaptarse a la ciudad, y no al revés.
- Lo que podemos hacer
Los viajeros también podemos cambiar cosas. Viajar fuera de la temporada alta, dormir en alojamientos legales, comprar en el comercio local o elegir el tren cuando es posible no resuelve todos los problemas, pero ayuda. A causa de nuestras prisas, a menudo visitamos una ciudad sin conocerla de verdad; viajar más despacio es mejor para el lugar y, también, para nosotros.
- Una conclusión
El turismo no es el enemigo: ha traído riqueza a muchas zonas que antes eran pobres. Pero un lugar que expulsa a sus vecinos acaba perdiendo justo aquello que atraía a los visitantes. Por consiguiente, el reto de los próximos años no es tener más turistas, sino conseguir un turismo que deje vivir a quien vive allí.
