El Faro Digital · Sociedad
Un país, muchos acentos: de Cádiz a Bilbao
Por Nerea Arrieta, lingüista
Muchos estudiantes de español llegan a España convencidos de que van a oír un único idioma, igual en todas partes. A los pocos días descubren que la pescadera de Cádiz, el taxista de Bilbao y la profesora de Valencia hablan de manera muy distinta. Viajamos de sur a norte para escuchar los acentos de España y las lenguas que conviven con el castellano.
- Cádiz: la sal del sur
En Cádiz la gente se come las eses al final de las sílabas, aspira la jota y habla deprisa, con mucha gracia. «Los turistas se quedan con la boca abierta cuando nos oyen», cuenta Manoli, que tiene un puesto de pescado en el mercado. «Algunos se ponen nerviosos porque no entienden nada, pero a la semana ya nos siguen». El acento andaluz tiene otra característica famosa: el seseo. Muchas personas dicen «sapato» en lugar de «zapato». No es un error: es una pronunciación tan correcta como la de Valladolid.
- Extremadura y Canarias: primos lejanos
El acento extremeño tiene mucho en común con el andaluz: también se pierden muchas eses. En Canarias, el español se parece al de Cuba o Venezuela. Allí se sesea, se dice «guagua» en vez de «autobús» y casi nadie usa «vosotros», sino «ustedes». Miles de canarios emigraron a América en el siglo XX; algunos se hicieron ricos allí y, al volver, trajeron palabras y costumbres que todavía se oyen en las islas.
- Madrid: ¿un acento neutro?
Muchos madrileños dicen que ellos «no tienen acento», pero es una idea falsa: todo el mundo tiene uno. En Madrid la ese final suena con fuerza y, en la calle, la de final de palabra se convierte a veces en una zeta: «Madriz». Para los andaluces, de hecho, el acento de Madrid suena seco y un poco serio.
- Valencia y Cataluña: dos lenguas en la misma calle
En Valencia y en Barcelona conviven el castellano y el catalán, que en la Comunitat Valenciana recibe el nombre de valenciano. Los carteles están en las dos lenguas y muchos niños son bilingües desde la escuela. Cuando hablan castellano, a los catalanes y a los valencianos se les nota el origen en las vocales, más abiertas, y en la ele final, que suena más fuerte. «Con mis abuelos hablo valenciano y con mis amigos de Madrid, castellano. Cambio sin darme cuenta», explica Pau, un estudiante de veinte años.
- Galicia: la música de la morriña
En Galicia, el gallego es una lengua cooficial con mucha vida, sobre todo en los pueblos. Los gallegos tienen fama de hablar el castellano con una entonación que sube y baja, casi cantada, y de usar mucho los diminutivos: «un cafeíño», «un momentiño». La palabra «morriña», la nostalgia de la tierra, ha pasado del gallego al castellano y se ha convertido en un símbolo de la emigración gallega.
- El País Vasco: una lengua sin parientes
Más al norte, en Bilbao, se oye el euskera, una lengua muy antigua que no pertenece a la familia de las lenguas romances, como el castellano o el francés. Durante años casi desapareció de las ciudades, pero las ikastolas, las escuelas en euskera, cambiaron la situación. Hoy muchos jóvenes vascos son bilingües, y algunos se han vuelto más activos que sus abuelos en la defensa de la lengua.
- ¿Hay una forma correcta?
La respuesta de los lingüistas es clara: no. La Real Academia Española acepta el seseo, la aspiración de la ese y las diferentes entonaciones. El español de Sevilla es tan correcto como el de Salamanca, y lo importante es comunicarse. Por eso, cuando un estudiante se pone triste porque no entiende a un gaditano, los profesores le dicen lo mismo: paciencia, porque el oído se acostumbra a todo.
- Un mapa vivo
Los acentos también cambian. La televisión, internet y los viajes hacen que los jóvenes hablen de una manera más parecida que sus abuelos, pero ningún acento se ha quedado sin hablantes. Al contrario: mucha gente está orgullosa de su manera de hablar y la defiende como parte de su identidad. Al fin y al cabo, el acento es la música de un lugar. Y escucharla, de Cádiz a Bilbao, es una de las mejores maneras de conocer España.
