El Faro Digital · Tecnología
¿Puede una máquina ser creativa?
Por Andrea Soler, ingeniera informática
Andrea Soler investiga desde hace quince años la inteligencia artificial en una universidad de Barcelona. En este artículo responde a la pregunta que más le hacen en sus charlas.
- Un cuadro en una subasta
Hace unos años, un cuadro creado por un programa informático se vendió en una subasta por una cantidad enorme de dinero. Los compradores pujaron por él como si fuera la obra de un pintor famoso. Desde entonces, la misma pregunta aparece en todas mis charlas: ¿puede una máquina ser creativa?
- Lo que hace una máquina
Para responder, conviene entender cómo funciona. Un programa de inteligencia artificial no inventa de la nada: aprende a partir de millones de textos, imágenes o canciones creadas por personas. Después combina lo que ha aprendido y produce algo nuevo. El resultado puede sorprender, pero la máquina no sabe lo que hace: genera una respuesta sin que nadie le explique qué significa. Es un proceso matemático muy sofisticado, pero sigue siendo un cálculo.
- ¿Sorpresa o creatividad?
Algunos de mis colegas dicen que eso ya es creatividad, ya que los humanos también aprendemos copiando a otros. Un joven pintor estudia a Velázquez; un poeta lee a Machado. Es verdad. Sin embargo, el pintor tiene algo que contar: una infancia, un miedo, un amor. La máquina, en cambio, escribe poemas de amor como si conociera el amor, pero nunca se ha enamorado.
- La intención
Para mí, la diferencia está en la intención. Un artista decide qué quiere decir y acepta el riesgo de equivocarse. Un programa no decide nada a no ser que una persona le dé una orden. Puede producir mil imágenes en un minuto, pero no elige cuál le emociona, porque nada le emociona. Un pintor puede pasar meses delante de un lienzo hasta encontrar el color exacto; la máquina, en cambio, no duda nunca.
- Una herramienta poderosa
Eso no significa que la inteligencia artificial sea inútil para el arte. Al contrario: muchos músicos, diseñadores y escritores ya la usan para probar ideas, como antes usaban el sintetizador o la cámara de fotos. La herramienta puede ayudar mucho, siempre que la persona siga tomando las decisiones. Conozco a una ilustradora valenciana que le pide a la máquina veinte bocetos, los descarta casi todos y después dibuja a mano su propia versión.
- Los derechos de autor
También hay problemas éticos. Muchas máquinas han aprendido con obras de artistas que nunca dieron permiso. Es como si alguien copiara tus cuadros sin que tú lo supieras y después los vendiera con otro nombre. Por eso, varios artistas han llevado el tema de los derechos de autor a los tribunales, y la ley todavía no tiene respuestas claras.
- ¿Y los artistas?
Mucha gente me pregunta si los artistas perderán su trabajo. Algunos lo notarán, sobre todo los que hacen encargos sencillos y repetitivos. Pero creo que el público seguirá valorando lo humano, con tal de que sepa distinguirlo. Al fin y al cabo, la fotografía no acabó con la pintura: la obligó a cambiar. Por eso es tan importante etiquetar las obras hechas por máquinas.
- Una regla sencilla
Mi propuesta es sencilla: en caso de que una obra se haya hecho con inteligencia artificial, hay que decirlo claramente, igual que se indican los ingredientes de un producto en el supermercado. Así cada persona podrá decidir qué quiere leer, escuchar o comprar.
- Mi respuesta
Entonces, ¿puede una máquina ser creativa? Mi respuesta es que puede parecerlo. Puede sorprendernos, ayudarnos e incluso emocionarnos. Pero la creatividad, tal como yo la entiendo, necesita a alguien que tenga algo que decir. Y eso, por ahora, sigue siendo cosa nuestra.
