El Faro Digital · Opinión
Carta a mi yo de quince años
Por Alicia Moreno, columnista
Querida Alicia de quince años: te escribo desde Zaragoza, treinta años después. Ahora mismo estás en tu habitación, con la música muy alta y el diario abierto, convencida de que nadie en el mundo te entiende. Tengo algunas cosas que contarte.
- Lo que querían los demás
Ya sé que te agobia que todos opinen sobre tu futuro. Papá quería que estudiaras Derecho, como el abuelo; mamá prefería que fueras maestra, porque «es un trabajo seguro»; y tu tutora del instituto te aconsejó que eligieras Ciencias porque sacabas buenas notas en Matemáticas. Nadie te preguntó qué querías tú. Te cuento un secreto: al final no fuiste abogada ni maestra. Escribes. Y vives de ello, más o menos.
- Lo que te molestaba
Te molestaba muchísimo que tu hermano leyera tu diario y que mamá entrara en tu cuarto sin llamar a la puerta. Te parecía injusto que no te dejaran volver a casa después de las once, cuando a tus amigas las dejaban hasta la una. Hoy, con una hija adolescente, te confieso que entiendo a mamá mucho mejor. Pero tranquila: tu diario sigue en el fondo de un cajón y nadie lo ha vuelto a abrir.
- Lo que no te atreviste a hacer
Sé que te gusta Javier, el chico del autobús, y que nunca le vas a decir nada. Te encantaría que él se fijara en ti, pero te pones roja solo con verlo. No pasa nada: el primer amor casi nunca es el definitivo. Lo que sí te diría es que no tuvieras tanto miedo al ridículo. Las veces que más me he reído en la vida fueron justo las veces que hice el ridículo.
- Lo que te daba miedo
Te daba pánico que te preguntaran en clase de Historia y que los demás vieran tus granos. Te preocupaba que papá y mamá se separaran, porque discutían mucho aquel invierno. No se separaron: hoy se ríen de aquellas peleas y el año pasado celebraron sus cincuenta años de casados con una paella enorme en el pueblo. Muchas cosas que hoy te quitan el sueño no van a pasar nunca.
- Lo que vas a perder
También tengo que contarte cosas tristes. El abuelo se irá antes de que termines la carrera. Ojalá pudiera pedirte que pasaras más tardes con él, escuchando sus historias de la mili y del campo. Grábalas, escríbelas, lo que sea. Me sorprendió darme cuenta, años después, de lo poco que sabía de su vida.
- Lo que vas a ganar
Ganarás amigas que todavía hoy están a tu lado, aunque una vive en Lisboa y otra en Kyiv. Aprenderás inglés en un verano en Irlanda que te cambiará la vida. Y descubrirás que te encanta viajar sola, algo que a mamá le preocupaba tanto que te pedía que la llamaras cada noche desde una cabina de teléfono.
- Lo que me gustaría pedirte
Me gustaría que fueras más amable contigo misma. Que no te miraras tanto al espejo buscando defectos. Que leyeras todo lo que cae en tus manos, como ya haces. Y que dejaras de pensar que tienes que saberlo todo a los quince años. Nadie lo sabe. Yo, a los cuarenta y cinco, todavía estoy aprendiendo.
- Lo único que no cambiaría
Hay una cosa que no cambiaría por nada: esa costumbre tuya de escribir cada noche, aunque sea una sola línea. Gracias a ella hoy tengo un trabajo que me encanta y esta carta que nunca vas a leer. Un abrazo enorme. Alicia, la mayor.
